DEBATE SOBRE LA FORMACIÓN POR
COMPETENCIAS EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR. UN APORTE A LA DISCUSIÓN.
Reinaldo Elias Meza Bolaños.
El
mundo contemporáneo lleva sin, lugar a equivocarnos la impronta de la
tecnología a través de ella en consecuencia, la búsqueda de soluciones a los
problemas y a las necesidades sociales para transformar esa realidad, lo que ha
ocasionado que en la actualidad el ser humano se convierta en el centro de la
inter relación social entre naturaleza, sociedad y tecnología, todo este
proceso del devenir histórico por un proceso de separación del ser humano con
el objeto de trabajo. Bajo estos nuevos matices como son: la globalización de
la economía, los cambios tecnológicos y la competitividad, que orientan a la
acumulación del capital económico y a la adquisición de tecnologías más
modernas más el capital humano, es este último el que puede garantizar su
rentabilidad, optimización, articulación para garantizar el futuro de las
entidades productivas y de servicio bajo la responsabilidad profesional y con
una multiplicidad de conocimientos técnico prácticos, que puedan insertarse de
manera activa en el mundo laboral, adaptarse a las cambiantes condiciones de
vida incluso a través del autoaprendizaje para lograr una mayor comprensión al
mundo en desarrollo.
Una
de las corrientes que sobresale en este modelo es el enfoque constructivista
para determinar las competencias del estudiante en condiciones de lo que este
puede hacer y lograr, es decir que se debe constituir en un proceso dinámico y
permanente en función de la adquisición de competencias que se dan en todo el
proceso de las actividades y como consecuencia de estas en los resultados,
abarcando todos los aspectos de la
personalidad del educando y por ende del proceso de aprendizaje, por lo cual se
deben evaluar los aspectos cognitivos, procedimentales, actitudinales o
estrategias metodológicas como también las actitudinales (valores).
Desde
esta práctica la evaluación y la formación de la educación superior por
competencias se da en todo el proceso del aprendizaje, por lo se constituye en
un medio y no en un fin y por sobre
todo permite orientar la acción educativa a favor del desarrollo del
estudiante, y jamás con el propósito de aprobar o desaprobar
La
formación universitaria que parte de modelos basados en una concepción del
conocimiento y de los contenidos como los objetivos primor-diales del
aprendizaje está siendo modificada, debido al acelerado cambio de los
conocimientos, el acceso y la manera en como fluye y, en consecuencia, la
provisionalidad de los saberes (López, 2007; Meléndez y Gómez, 2008; Posada,
2004; Rodríguez, 2007; Villa y Villa, 2007; Yániz, 2008), generando que los
procesos de adquisición, clasificación, disponibilidad, uso y generación del
conocimiento demanden nuevos lenguajes y requieran un cambio de concepción con
respecto a los saberes (Orozco, 2000).
En
consecuencia podría afirmar que el enfoque de competencias en la educación
superior desde una práctica conceptual y no solamente desde lo meramente
pragmático, con el propósito de contribuir a la práctica educativa con
elementos articuladores a las propuestas, ensayos curriculares y formativas.
Adoptar el enfoque de competencias desde el punto de vista pragmático implica
grandes cambios a nivel institucional orientando todo el esfuerzo para un eminente
cambio en los objetivos institucionales curriculares, incluso dejando de lado
los grandes propósitos que orienta y determina una educación integral basada en
la práctica de los valores y del buen vivir.
De acuerdo al documento
de estudio (discusión) el análisis que hacen varios ponentes sobre esta
temática con una concepción más objetiva y pragmática manifestando que las
competencias en educación superior no deben tener una postura acrítica, más
bien argumentan desde una fundamentación legal que la educación superior debe
ser un proceso de formación permanente, que posibilite el desarrollo de las
potencialidades del ser humano dentro de las modalidades y cualidades para
cumplir con las caras aspiraciones profesionales, investigativas y de servicio
social que requiere una nación o un estado. Estas nuevas exigencias deben estar
orientadas a la formación profesional, particularmente por su carácter
multidimensional, en este proceso de transformaciones donde se requieren nuevas
categorías que expresen de manera clara y contundente todo el proceso de
competitividad, al ritmo de la innovación y el creciente nivel de complejidad,
refiriéndonos básicamente a los procesos tecnológicos que exigirían de estos
nuevos profesionales.
Desde la perspectiva
del concepto de la práctica de las competencias en las instituciones de
educación superior como es lógico unas con mayor argumentación que otras, en
esta serie de discusiones se visualizó el grado de responsabilidad de los
actores de todo este proceso, es decir autoridades docentes y la propia
institución educativa constituidos en una verdadera comunidad académica para
orientar de manera correcta, oportuna y con responsabilidad la orientación y el
manejo de todo el proceso curricular, en consecuencia la práctica profesional
docente, argumentaciones que se ha analizado desde la siguiente óptica:
- El primer argumento relacionado directamente con el papel del docente como formador, generador de todos los procesos curriculares dentro del ambiente de una institución superior, directamente en relación con el educando en una estrecha inter relación con los saberes y la predisposición con las actividades didácticas, pedagógicas y metodológicas como plantea Bernstein (1992) citado por Barnett (2001).
En el segundo
argumento se hace énfasis, al llamado a las instituciones y a las comunidades
académicas para mantener el rol que implica asumir la formación como propósito,
es decir promover la formación para la vida y para el desarrollo de la
humanidad, para este propósito debe reorientarse la formación profesional como
generadores de procesos de cambio e innovación sobre todo en las unidades
académicas de educación superior. En consecuencia el papel del docente y la
institución educativa frente al tema de las competencias debe ser tema de
discusión permanente
con altura y con actitud propositiva orientando a favorecer a la sociedad,
lógicamente sobre la base de una orientación curricular y con planes de estudio
orientado a las competencias o viceversa.
Acorde
con los requerimientos anteriores, se plantea una educación basa-da en el
desarrollo de competencias, que dote a los individuos de capacidades que les
permitan adecuarse a los requerimientos que la disciplina en formación y
posteriormente la sociedad y el ámbito laboral prescriban. El desarrollo de
competencias referidas al conocimiento (lectura, escritura, lenguaje y lógica
aritmética), al desempeño profesional (aptitudes y valores asociados al ámbito
laboral) y técnico (habilidades y destrezas en el campo especializado),
significan calidad e idoneidad en el desempeño, protagonismo de los
estudiantes, planificación de la enseñanza a partir del aprendizaje y
contextualización de la formación (Barrón, 2000; Tobón, 2006; Yániz, 2008).
En
el documento de estudio pag.194 segundo párrafo hace referencia a que en los
últimos años el enfoque de competencias a tomado mucha fuerza en virtud de la
política pública de los gobiernos frente a la demanda y oferta laboral, esta
realidad apunta a promover practicas reglamentarias orientadas al desarrollo de
competencias principalmente con la población estudiantil, se evidencia lo
manifestado con la puesta en ejecución de una serie de requisitos y pruebas de
admisión de esta manera reflejándose la intencionalidad de la selección
recurso-producto humano que tiene un claro mensaje al proceso de competitividad
profesional, en consecuencia la estructura de las competencias plantean 3
grandes direcciones, que están vinculadas indisolublemente a 3 grandes saberes
que son:
A.
Competencia
orientada a los saberes:
1. Saber:
Poseer conocimientos alcanzados por diferentes vías.
2. Saber hacer:
Dominar las habilidades mentales, intelectuales, sociales, inter personales y
prácticas.
3. Saber ser:
Demostrar un adecuado y oportuno comportamiento ético-profesional, social,
solidario, honesto, entre otros, esto implica la práctica de un sistema basado
en competencias profesionales, es decir orientado a la formación de un
profesional más competitivo, trascendente, flexible, que reúna cualidades
morales, con capacidad de análisis, que posea conocimientos para asumir
desempeños profesionales eficientes, eficaces y efectivos, con capacidades de
autoaprendizaje y capacidad técnica que se requiere para un desempeño eficiente
en el campo de la profesión.
4.
Aprender
a compartir: Respetar la pluralidad, compartir
objetivos comunes para fortalecer la creatividad, la participación y la
autenticidad en el proceso educativo, centrando su atención en el desarrollo
personal y social de cada individuo.
B.
Competencias
orientadas a las direcciones:
1.
Conocimientos: Cuando
alcanzamos la comprensión de un saber desde su lógica interna, la que permite
seguir profundizando en su construcción y desarrollo, decimos que hemos
alcanzado el dominio o adquisición de un conocimiento.
2.
Habilidades: Cuando
esta capacidad se manifiesta y permite la aplicación del conocimiento sobre una
realidad específica para su transformación, estamos situados en el dominio de
las habilidades.
3.
Valores: La educación en
valores se refiere al aprendizaje como cambio de conducta. La competencia no se
determina sólo por lo que las personas saben, sino por lo que saben hacer, lo
que tienen el valor de hacer y, fundamentalmente, por lo que son.
En
consecuencia los componentes de las competencias profesionales para el mercado
laboral son sobredimensionados como la experiencia, conocimientos, habilidades
que se fundamenta en el manejo de las tecnologías de la información y las redes
sociales, generador de retos y como complemento a estos componentes se agrega
los valores que son parte o están inmersos en la ética profesional, haciendo
del profesional un talento humano competente, deacuerdo a esta valoración los
procesos de selección y evaluación deacuerdo al planteamiento de los
participantes de este debate entre ellos el doctor Rama, ya no son
exclusivamente basados en el valor atribuido a las credenciales educacionales.
En
estas circunstancias las interrogantes que están a flote y con argumentos que
llaman a las universidades a insertarse a las necesidades de la economía y de
este mundo globalizado como también a las demandas del mercado laboral. De esta
manera en esta síntesis es notoria la progresividad del desarrollo de las
competencias y que puede trascender de manera diestra a nivel educativo y en el
reconocimiento de los diferentes títulos académicos orientados a la
productividad, como para traducirse en competencias que a su vez pueden
incorporarse en el curriculum que a su vez se han reorientado a la
estructuración de proyectos de carácter internacional, que han abordado desde
esa perspectiva también la definición de competencias por campos del ejercicio
profesional, ejemplo claro, de actualidad, para explicar este análisis es: El proyecto Alfa Tuning América Latina busca
"afinar" las estructuras educativas de América Latina iniciando un debate
cuya meta es identificar e intercambiar información y mejorar la colaboración
entre las instituciones de educación superior para el desarrollo de la calidad,
efectividad y transparencia. Es un proyecto independiente, impulsado y
coordinado por Universidades de distintos países, tanto latinoamericanos como
europeos.
Bajo esta realidad a futuro será
necesario la implementación de planes y modelos curriculares para la formación
basada en competencias profesionales. En el caso patético del
Ecuador el rediseño curricular está orientado a la generación de conocimiento
sobre la base de la nueva matriz productiva como estrategia de cambio a un
nuevo modelo formativo, en este sentido es importante destacar que la actual
dinámica en los procesos productivos se caracterizan por la rápida
incorporación de la alta tecnología y la movilidad en el campo de la aplicación
de conocimientos. Es decir el desarrollo tecnológico alcanzado así, como las
perspectivas en el orden social exigen la preparación del profesional no solo
en lo operacional sino también en cuanto a su capacidad de asimilación y
readaptación.
Es
indudable que para lograr la formación de un profesional competente se necesita
contar con un sistema formativo orientado a determinadas cualidades y que deben
lograrse a partir de la concepción armónica entre el diseño y la dinámica del
proceso de formación profesional y el estrecho vínculo con el aparato
productivo. Es menester asociar estas cualidades al termino de competencia
profesional, a su vez interactuando con la competitividad, eficiencia y
calidad, términos que brotan a la luz por primera vez en el mundo del mercado
financiero, como la necesidad de obtener mayores y mejores resultados producto
de “la explotación del talento humano” lo que ha impedido un profundo
desarrollo de la transformación de los procesos formativos con lo cual propicio
el surgimiento de nuevos modelos educativos como en este caso que nos ocupa al
hacer este análisis, que es el modelo liderado por la formación basado en
competencias.
Hoy
más que nunca es innegable la prioridad de una visión integradora, que se
transforme en acciones orientadas a cambios que impliquen revertir las
disciplinas, sus limitaciones y el consecuente “poder” que para el docente
significa “poseer” el monopolio del saber para enfrentar los procesos
educativos con una perspectiva englobadora e integradora este es el caso de
análisis cuando se argumenta la necesidad de implementar las llamadas
disciplinas integradoras que al final se constituyen en la célula básica para
la estructuración de la competencia, ya que se analizan a partir de los
objetivos que precisan habilidades esenciales de la especialidad es decir que
se orientan al análisis de un sistema de contenidos que giran alrededor del
problema de la profesión encaminadas a lograr una relación intermateria, y a su
vez que tiene relación directa con la interdisciplinaridad y la
transdisiplinaridad, toda esta interpretación con enfoque holístico y analizada
“la interdiciplinaridad como una transferencia de métodos de una disciplina a
otra y como la transdiciplinaridad a lo que simultáneamente es entre las
disciplinas, a través de las diferentes disciplinas y más allá de toda
disciplina” (H. Fuentes 2001)
Con fundamento en el
desarrollo de competencias, la formación escolar pretende responder a las
presiones de índole social, económico y disciplinar: en lo social, al
replantear una educación para la vida y para el trabajo con calidad; en lo
económico, al responder a las demandas que las empresas hacen a las instituciones
de educación superior en lo que corresponde a la formación de profesionales
idóneos, lo que les permite competir con otras empresas tanto nacionales como
internacionales; en lo disciplinar, implica trascender del énfasis en lo
puramente conceptual y discursivo a la movilización de los saberes, que demandan
habilidades de búsqueda, análisis y aplicación del saber de manera pertinente.
Para
el tratamiento de esta realidad es menester prioritario un debate nacional
respecto a esta gran controversia en donde los participantes se conviertan en
gestores de esta gran polémica social con la participación de las asociaciones
de profesionales y de donde se pueda extraer un importante soporte conceptual
en relación a las competencias como enfoque y sobremanera como deberían
articularse con el propósito de contribuir a una formacion integral como
también los espacios académicos deberían valorar la importancia de la
investigación como estrategia de relación con el conocimiento y la flexibilidad
como un valor inherente del ser humano. Por otra parte se debe atribuir la
importancia de los espacios pedagógicos en los cuales se incorporan la
apropiación de conocimientos disciplinarios, pero reconociendo las necesidades
de interpretar permanentemente el contexto de la fundamentación para dar su
aporte a la perspectiva de las competencias. Surgen grandes incógnitas que no
pueden quedar al margen en las instituciones. ¿Bajo qué perspectiva teórica?
¿Cuáles competencias? ¿Quién y cómo las define? ¿Es necesario tener un catálogo
de competencias para la institución y para los programas? ¿Cómo se traducen las
formulaciones en la práctica educativa y en la promoción de un cambio
pedagógico? ¿Es el gobierno o las instancias centrales quienes definen las
competencias para un país?
El
doctor Guillermo Páramo en uno de los debates manifestó su preocupación en el
tratamiento del tema manifestando que no se trata de un acontecimiento aislado
partiendo de la pregunta de que si las competencias sirven para vivir, en qué
país, en beneficio de que intereses, con que valores, con que preparación, para
entender estas interrogantes en esta selección manifestó que lo importante es
aquello que produce dinero? Sin considerar a que costo y como universitario
hace una invitación a una reflexión profunda con responsabilidad. Es así que el
docente universitario además de asumir los múltiples compromisos con el
aprendizaje de sus estudiantes sea un componente disciplinar o de conocimiento
aplicado.
De
tal manera que las competencias no pueden verse como un elemento aislado, se le
debe dar atención desde un enfoque conceptual y a manera de paradoja el
panelista plantea “las competencias son tan solo un árbol que tiene que ser
visto dentro del bosque” es decir es importante relacionarlas con todos los demás
elementos que contribuyen a la formacion profesional.
El
concepto de competencia y los criterios instrumentales derivados de dicho
enfoque sobre la planeación e implementación de las interacciones didácticas
siguen enfrentando algunas limitaciones teóricas y, en consecuencia, prácticas
dudosas entre los profesionales que asumen dichos planteamientos. Aquellos que
cuestionan seriamente dicho planteamiento consideran que la formación en
competencias es limitada, ya que sólo es para los aspectos técnicos y el
trabajo, soslayando el aspecto socio-humanístico y, además, constituye una
aproximación pragmática y eficientista, con escaso énfasis en la formación para
la vida, en el desarrollo de habilidades que impliquen pensamiento crítico y
reflexivo, y la exigua relación entre los aspectos esencialmente teóricos y los
prácticos (Díaz Barriga, Á, 2006; Díaz Barriga y Rigo, 2000; Rodríguez, 2007).
En
conclusión se reconoce que abordar la formacion académica profesional por
competencias o de competencias exige un trabajo pedagógico y metodológico
diferente, desde el punto de vista de la psicología cognitiva la trasferencia
de competencias de una actividad a otra en el seno de una misma disciplina de
alguna manera busca la excelencia, el sometimiento de la formacion a los
imperativos de la globalización económica y la demanda de mercado que al final
del día esta gran innovación mercantil que constituye un bien material estará
siempre por sobre el beneficio humano.
Referencias Bibliográficas:
Ø Alonso,
L., Fernandez C. & Nyssen,J. (2009) El debate sobre las competencias
Prólogo de Brunner J.J. Madrid: Aneca.
Prólogo de Brunner J.J. Madrid: Aneca.
Ø Escudero, J. (2008) Las competencias profesionales y la formacion universitaria: posibilidades y riesgos. Red U. Revista docencia universitaria
Entregado el 10/01/2016
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